Otra crítica de una película que vi en su día (ver fecha de mi voto) pero de la que al concluir el año no paro de recordarla y de querer escribir sobre ella. Y es que no sólo es una de las mejores películas del año. No sólo es la confirmación de Ryan Gosling y el espaldarazo definitivo de una Claire Foy perfecta e inolvidable en su mejor año profesional hasta ahora -3 proyectos casi seguidos, ni más ni menos-. No sólo es mi película favorita de Damien Chazelle hasta ahora, su más madura y su más profesional. Es una de las películas más ambiciosas en temática y valientes en su desarrollo estrenadas en tiempo, dentro de su condición de biopic.

Y es que por el hecho de ser biopic, parece que ya sabemos la historia. Ya sabemos el desarrollo y el final de la historia. Pero más que un biopic, esta película refleja la cara oculta del héroe y su mujer. “Otra perspectiva”, como la crítica más valorada -y muy justamente- de esta película. Y es una historia sobre la pérdida. Es una historia sobre lo que pasa por la cabeza y el corazón de Neil y Janet. Y es una historia sobre cómo el llegar a la Luna es más un McGuffin que simboliza una potencial victoria emocional antes que ser el nudo de la misma. Manteniéndonos como testigos de las vivencias de la familia y sus allegados en el proceso.

Estilo visual, banda sonora, dirección, aspectos técnicos e interpretativos aparte: es un drama intimista, perfecto en muchos frentes, con gente de la que quieres saber una vez acaba la proyección (tanto en la realidad de la película como en la vida real por querer devorar los siguientes proyectos de este director y sus intérpretes). Se inicia, se desarrolla y se cierra siempre en la cumbre. Siempre interesante. Siempre real. Cada muerte duele. Cada diálogo cuenta. No hay prácticamente nada superficial aquí.

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