Voltaire

La saga de Harry Potter me gusta mucho, sobre todo cómo la supieron terminar por todo lo alto. Vamos a obviar esa obra de teatro ‘El legado maldito’ de la que aún me siento confundido con sólo evocar el recuerdo de haberla terminado y a quedarnos con que ‘Las reliquias de la muerte’ es y siempre será el final de la historia de Potter. La primera ‘Animales fantásticos’ me pareció decepcionante en comparación con el Potter-verso, pero esta segunda película la hace decente o hasta buena. Esta película es un crimen para sí misma y para el supuesto canon de la franquicia. Si una película hace tambalear el propio canon (mostrando por ejemplo a personajes clave ejerciendo en cargos y situaciones que no deberían tras haber sido establecido por la propia creadora/autora quien escribe el libreto íntegro), dice mucho de ella.

Podemos dividir la crítica en dos grandes puntos. Uno, el argumento: pasa de todo y no pasa nada de nada. No ya es que se beneficie de ser una película “puente”, es que abusa del término. ¿Dónde está el argumento? Vemos a personajes ir de lado a otro, soltando frases cada vez más rimbombantes y dignas de citas de twitter. Pero no nos abren los ojos de ninguna manera. Con cada acto que hacen o provocan siento que se alejan más y más de la supuesta trama principal. La información no se administra, se escupe. Se suelta y ahí queda, lo pilles o no. Y las revelaciones de su tercer acto, antes que dejarme con ganas de más, me quitan las ganas de ver la siguiente. Y eso que se agradece mucho la presencia de Jude Law, así como el ver a un Johnny Depp contenido que parece volver a recordar lo que es interpretar sin ser un pirata borracho. Si sus personajes estuviesen desarrollados sería entonces lo más.

Y el punto dos: la acción/tensión. Durante la primera escena tuve problemas para dilucidar lo que veía en pantalla. Y ese problema se repitió en varias escenas posteriores (otra en una suerte de circo). Si ya la acción está mal rodada o el abuso de CGI la empaña, es de mirárselo para un estudio como Warner. Pero si encima luego la acción desaparece por completo hasta cuando se la echa de menos, resiente demasiado el ritmo. La segunda hora y el final son llevaderos -el mitin del personaje de Grindelwald es mejor de lo que me esperaba, ojalá la película hubiese sido así de principio a fin-. Pero la primera mitad y bastante más me mantuvo mirando la hora varias veces, así como buscando una mejor pose en la butaca.

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