Estamos ante un entretenimiento potente y fluido, cuyos primeros minutos sean tal vez lo mejor de la función. Aunque lo que siga no desmerezca tampoco del todo. No creo que sea ninguna joya, pero si una película que va al grano y que es coherente con su propuesta sin caer en pesados clichés.

Las actuaciones son solventes, destacando a Wyatt Russell como un gran heredero de su padre. Los efectos especiales son muy buenos, apenas cantan y casan muy bien con los aspectos mas fieles de la época. La banda sonora acompaña muy bien al suspense de las secuencias. Aunque una de las mayores sorpresas sea una gran dirección de Julius Avery, de quien no esperaba nada de nada. La historia es cruda (la primera producción de J.J. Abrams para mayores de 18) y aún pareciendo ser atrevida y original en su propuesta, toma referencias de películas clásicas como ‘La cosa’ de John Carpenter con gusto y gracia.

No esperen una obra profunda o con varias capas a nivel de desarrollo o psicología porque no la hay por ninguna parte. Es una disfrutable pesadilla que garantiza un buen rato en el cine. Y hay que juzgarla como tal. Puede que sus tres minutos finales echen de menos un cierre más espectacular, pero tampoco había mucho más que hacer.

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