Si hay dos razones fundamentales por las que echaremos de verdad de menos a Daniel Craig como James Bond una vez se jubile del personaje tras la inminente Bond 25 es por las dos mejores películas de la saga -hasta ahora- que nos ha brindado su carrera: la presente e inaugural ‘Casino Royale’ y la personal y genial ‘Skyfall’. Ambas tocan un techo de calidad parejo dentro de una saga que se limitaba a entretener y punto. El Bond de Craig se ha propuesto grabarse a fuego en la memoria cinematográfica colectiva por ser realista y profundo. Así desbanca la diversión de Sean Connery, el pasatiempos de Roger Moore, la seriedad pasajera -aún cercana a la de Craig- de Timothy Dalton (y de Geroge Lazenby) y el atractivo de Brosnan. Y qué mejor que una película como ‘Casino Royale’ para dejar constancia de ello.

Es una película larga, compleja, seria y ruda. Digna del espionaje de los tiempos de Connery. Nadie está a salvo ni tiene sus cartas aseguradas en la partida (buena prueba de ello es su final). Craig está que se sale tanto en forma física como en interpretación. Desde esta película tuve claro que era el mejor James Bond de su historia hasta ahora -y que hasta en productos flojos como ‘Quantum Of Solace’ y hasta bochornosos como ‘Spectre’ su interpretación y su carisma es lo que nos mantiene mirando en todo momento-. Y para el mejor Bond, es necesario tener a la mejor chica Bond (o mujer Bond, si se me permite). Para eso tenemos a una inolvidable Eva Green.

El resto del plantel, sus villanos y sus tramas están muy bien desarrolladas. Puede que la película peque de tener un tercer acto un tanto alargado, pero aún así está por encima de la media de todas las películas anteriores de la saga. Y su clímax y epílogo son maravillosos.

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