‘Infiltrado en el KKKlan’ es todo un regreso para Spike Lee. Más aún habiéndome defraudado a lo grande (culpa también del estudio) con aberraciones como el remake de ‘OldBoy’. Este es un Spike Lee más personal, más mordaz, más cómico y más real. Sobre todo en los tiempos de división, de bandos y convulsión en el que estamos casi sin quererlo, casi sin darnos cuenta.

En términos de mensaje político y social, se pone la carne en el asador tanto o hasta más de lo que cabría esperar. Incluso en los momentos comedia de enredo o sátira pura (ese Alec Baldwin nada más empezar la película) así lo demuestran. En términos cinematográficos, Lee maneja una historia compleja y larga con soltura y ritmo. Están pasando cosas en todo momentos, pero esas cosas importan y nos interesan.

Los actores se lucen (curioso el hecho de que Lee tenga el honor de haber trabajdo con dos generaciones de Washington: Denzel antes y ahora su hijo John David), la banda sonora acompaña y el estilo visual capta la atmósfera. Como ya mencioné antes, bien es cierto que pese a no tener una excesiva duración sí que la sentí un tanto larga por momentos. Su tercer acto se la juega y su fatídico epílogo nos hace salir de la proyección hasta con mal cuerpo pese al “buen rato” satírico que se ha pasado con anterioridad. Y es que es encomiable la imprenta y la energía que Lee le inyecta a una trama tristemente real y depresivamente actual que en otras manos ni siquiera se hubiese podido ver.

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