Con la nueva versión del universo protagonizado por Lisbeth Salander a la vuelta de la esquina con la prometedora Claire Foy -una actriz maravillosa que fue lo mejor de ‘Perturbada’ y nos ha vuelto a dejar al borde del asiento con ‘First Man’- me ha dado por volver la cabeza atrás. Y mi mayor sorpresa es que tengo que remontarme a siete años atrás para dar con la última película de ‘Millennium’, la presente de la que hoy me apetece escribir cuatro trazos. Y rememorándola, no me cabe duda de que el listón está altísimo.

A mi gusto, la versión americana es la mejor película basada en la novela. La trilogía original con Noomi Rapace se la tiene en estima -sobre todo la primera-. Pero una factura televisiva y una ligera falta de intensidad (a mi gusto) la echan un poco para atrás. Teniendo a David Fincher a la cabeza en labores de dirección y un libreto respetuoso a su esencia da sus frutos desde los geniales créditos iniciales. Un estilo visual y un pulso narrativo que nos mantiene a su mereced a lo largo del relato (uno largo, valga la redundancia). Más descarnada, más sobria, más valiente, más profesional.

Una lástima que no terminase de funcionar en taquilla (pese a recuperar su presupuesto y recaudar el doble, lo permitido para que una película sea rentable), porque con el plantel que había aquí podríamos haber tenido una trilogía reivindicable. Rooney Mara es lo mejor de la cinta -a ver qué hace Claire Foy- y Daniel Craig se aleja de su magnífico Bond de forma soberbia y notándose que se lo pasa pipa pese a la temática de la cinta. Aunque la película tiene el detalle de ser conclusiva y contener un final que si no estás puesto con la saga narrativa, puede ser un punto y final digno.

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