Increíble sorpresa de Lisa Langseth y Alicia Vikander reunidas otra vez con esta gran película. Otro caso más de cine independiente que refresca ojos y mente de entre toda la polvareda de explosiones, efectos especiales y franquicias por ahí (y uno del que por desgracia o no podemos disfrutar de el en salas grandes o es destinado directamente para consumir en el hogar). Un drama cuya historia puede ser tópica o conocida, pero cuya magia reside en cómo está contada y en el carisma interpretativo de sus protagonistas -en auténtico estado de gracia a mi parecer-.

Dos hermanas, tan distantes como cercanas, tan opuestas como simétricas, se reúnen tras mucho tiempo ante un golpe del destino encubierto (una en principio no le dice toda la verdad a la otra, hasta que llegan por fin a ese “paraíso” apartado de los juicios de la sociedad y en donde cada persona que está allí se dispone a “partir” al sonar las campanas). Eso abre la veda a recapitular sus vidas, abrir heridas, mirar al pasado y sumergirse en busca de lo que somos, lo que fuimos y qué seremos cuando no estemos. Los residentes allí -estupenda Charlotte Rampling, soberbio Charles Dance- influyen en ellas, así como ellas también tocan sus vidas aunque sea unos instantes. Puede que se sepa que la vida es frágil, que viene como se va por más que otros digan, opinen o juzguen. Que el destino es aleatorio. Que hay personas que por sobrevivir se convierten en islas (Vikander), así como otras que no hacen más que recibir golpe tras golpe y aún así mostrarse agradecida y siempre presente (Green). Pero no hay dudas que el estar cara a cara con la muerte, el saber cuándo y cómo te vas a ir, aunque sea tu decisión, lo cambia todo.

Valoración
Muy buena
80 %
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