‘Han Solo: una historia de Star Wars’ o también ‘Disney: una máquina de hacer dinero a costa de George Lucas’. Las esperanzas de algo bueno viendo la potente ‘Rogue One’ o la buena pinta de los anuncios se desvanece al presenciar una película falta de alma, de sorpresa y hasta de encanto. Se siente como un producto saca perras antes que como una película con entidad propia, con su propio significado o un supuesto arranque de trilogía como se pretendía.

Vale que la industria del cine es una maquinaria empresarial de hacer dinero, pero esta suele disfrazar sus intenciones bajo un guión mínimamente construido y un brío entretenido. Aquí no hay ni una cosa ni la otra. Es la precuela o historia de orígenes más monótona y plana que recuerdo. Un cameo en su desenlace -que la verdad se agradece- ni siquiera me hace levantar del todo los ánimos de saber más (más viendo lo que Disney es capaz de hacer con tal de destrozar un legado ya creado). Sea cual sea la división de opiniones que ‘Los últimos Jedi’ causa, al menos esta pone patas arriba las expectativas. Esta ‘Solo’ se limita a repasar momentos señalados de la mitología del mítico personaje y a mantenernos mirando sin más por ello (cómo obtuvo su nombre -sinceramente no me ha convencido del todo-, cómo se formó, cómo obtuvo su arma, como ganó su Halcón Milenario o cómo conoció a Chewie -una de las escenas más paródicas vistas en mucho tiempo que también dividirá a los fans seguramente-). No da nada más a cambio. No da magia. Y cuando el guión intenta dar sorpresas (motivaciones, quién traiciona a quién), da trampas forzadas en realidad. Dicho esto, Harrison Ford jamás será olvidado, pero el nuevo Alden Ehrenreich no lo hace mal. Emilia Clarke tiene un personaje que termina cuando de verdad se hacía interesante. Y Donald Glover (‘This Is America’) es divertido pero tampoco lo pongo por las nubes. Paul Betanny compone su villano más olvidable desde el de ‘El código Da Vinci’ -curioso, también a las órdenes de Ron Howard-. Y Woody Harrelson está ahí de saldo, para mí.

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