La vuelta de la aclamada Por trece razones no ha hecho sino confirmar mi sospechas con respecto a esta continuación: era innecesaria.

La primera temporada, a pesar de ser tramposa en lo referente al guión con el ánimo de alargar el desenlace y mantener el misterio, al menos ponía de relieve problemas tan lamentablemente actuales como el acoso escolar, las agresiones sexuales, el machismo y el suicidio. Y eso siempre lo defendí con uñas y dientes, porque a pesar de que tenía muchos detractores que consideraban que romantizaba las enfermedades mentales, me pareció una manera bastante eficaz de acercar estos problemas al público en general, y a los adolescentes en particular.

Esta segunda temporada echa un poco por tierra toda la trama de la primera. Las intenciones son buenas, nos hablan de trastorno bipolar con el personaje de Sky (aunque más parece un Trastorno Límite de la Personalidad), de cómo se culpabiliza a la víctima en el juicio de la familia de Hannah Baker contra el instituto Liberty, del miedo a afrontar algo tan duro como una violación, del dolor tras el suicidio de un ser querido, del mundo de las drogas.

Y, lo más interesante a nivel personal, cómo se gesta un asesino de masas, un estudiante en apariencia normal, en este caso Tyler, que llega a pensar que la única salida a su sufrimiento pasa por hacer una masacre en su instituto. éste era el tema que quería ver. Cómo el sistema educativo no sólo falla a la gente con tendencias suicidas como en el caso de Hannah, sino como prácticamente pone en bandeja que se repita una y otra vez otro Columbine, en un país además en el que el acceso a las armas está tan normalizado.

 

Pero no, lo tratan pero no cómo hubieran debido, siendo el centro de la segunda temporada. Entiendo que los showrunners de la serie quisieran alargar toda la historia de la primera temporada, utilizando el juicio para ello. Pero creo que ha sido un error. Cambia el pasado, nos presentan a otra Hannah, que no me parece ni mejor ni peor, simplemente otra.  Cambia las relaciones entre los personajes, dejando flecos así en la primera temporada.

Además hay una serie de sinsentidos a lo largo de cada capítulo, rozando casi la ciencia ficción: la “secreta” Casa del Club, las amenazas,las adopciones sorpresa,  el darle a todo un halo de conspiración con el único objetivo de despistar, un abanico de inverosimilitudes pasmosas que no comentaré por respeto a quien no la haya visto aún y quiera sacar sus propias conclusiones de estos hechos.

Resulta un experimento en el que mezclan sin mucho rigor todos los problemas que puedan surgir en la adolescencia, arriesgando mucho sí, y quizá por eso fallando. Hay escenas muy gráficas y duras, que me parecen muy acertadas, pero… ¡profundizad más por favor!

Así que como conclusión diré que las intenciones no pueden ser mejores, pero el resultado en general bastante decepcionante, así como el final de temporada.

Y una recomendación a quien se haya quedado con ganas de historias sobre el acoso escolar, la segunda temporada de American Crime, de John Ridley. Son temporadas independientes, así que se puede ver sin haber visto anteriormente la primera temporada.

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