Mi primer contacto con esta serie distribuida por Netflix y dirigida por Antonio Campos fue mediante el trailer, que despertó mi curiosidad. Y es que ya sabemos como la plataforma promociona cada producto, muy bien, eso no hay quien lo niegue. Un thriller psicológico, una chica que comete un asesinato en público, tras un impulso y sin conocer a la víctima. Prometía.

Tras eso, decidí comprobar las críticas y, oye, bastante buenas. Así que imaginad cual ha sido mi decepción al encontrarme una serie  mediocre.

Comenzaré diciendo que los dos primeros capítulos me parecieron interesantes. La trama parecía solida y tenía los típicos cliffhangers que te atrapan y hacen que te arrepientas de haberte puesto a verla tan tarde teniendo que madrugar porque necesitas saber más.

Pero con los capítulos posteriores aparecieron fallos demasiado evidentes.

Empezaré por hablar de la incongruencia de los personajes. Si bien es cierto que de ambientes opresivos suelen surgir traumas que acompañan de por vida a los afectados, aquí no tienen credibilidad. En un intento de asemejarse a “Las vírgenes suicidas”, el resultado ha sido personajes tan tipificados que resultan poco creíbles. Y es que la idea era muy buena, pero si no se desarrolla con el estilo y la evolución de los personajes necesaria pues queda como una “carcasa hueca”. Supongo que el combo sexo-religión-asesinato no siempre funciona (cuando la dirección y el guión no acompañan). Además, la protagonista, que con ese bagaje debería arrastrarnos con ella, que sintamos empatía, que la entendamos, sólo consiguió dejarme como espectadora.

Y fallos de guión muy evidentes. Conforme avanza la trama se desdicen o dejan en evidencia grandes agujeros en la historia. ¿Por qué? Son sólo ocho capítulos, en serio, ¿por qué? Es muy tramposa.

Los diálogos resultan espantosos. Tan prefabricados, tan buscando profundidad sin encontrarla. La investigación policial casi da vergüenza, por no hablar de la terapia a la que se somete la protagonista. Empieza bien, pero como casi todo en esta serie, va cayendo en la más profunda absurdez.

También se anunciaba con bombo y platillo por ser Jessica Biel (una de las productoras de la serie además) y Bill Pullman. Pues bien, Biel no cambia el gesto en toda la serie, y no es un personaje contenido y que por eso lo hace genial. No. Es sencillamente que no transmite nada. Y bueno, Pullman, que empezó siendo una suerte de agente Cooper con sus excentricidades, termina por cariturizarse hasta el punto de sentir lástima por él. Sin embargo, he de reconocer que Christopher Abbott, que interpreta al marido de Cora, es brillante. Uno de los puntos positivos de la serie.

Venden también la gran historia de amistad que surge entre el teniente Ambrose y Cora… Forzada hasta el extremo.

Si aprecio en cambio la música. Me parece fabulosa. Sobre todo la canción que se utiliza como hilo conductor de la historia, Huggin’ & Kissin’, de Big Black Delta.

Le reconozco también que la idea es muy buena, el argumento es original, pero mal expuesto. Muy desestructurada la narrativa.

Y bueno, a pesar de todos y cada uno de los defectos que tiene considero que es una serie que engancha. Si la empiezas necesitas acabarla, justo como la comida basura.

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